EDITORIAL DICIEMBRE 2025

Durante 12 años ha sido mi sala de terapia, mi sitio preferido de meditación y relajación, donde comulgo todos los días en simbiosis perfecta con las plantas, con las gallinas, los zorzales, chincoles, chircanes y jilgueros que vienen a visitarme. Las lagartijas escondidas entre las piedras me miran fijamente mientras trabajo. Me duelen las manos, las rodillas crujen y le cuesta a este cuerpo viejo seguir a la mente llena de ganas, proyectos y esperanzas. Gana la “loca de la casa” y se llena de alegría el alma haciendo y viendo como crece la vida, cada día un poquito y lo que fue simiente se va convirtiendo en alimento, medicina y sustentabilidad.
La juventud y frescura de la huerta en primavera es efímera y hay que gozar estos días nublados y de temperaturas amables para armarla para los tremendos calores de la canícula. Imprescindible una buena tierra como base para el éxito. La pre cordillera es pura piedra y arcilla que mejoro con el compost de mis gallinas, las hojas guardadas del otoño y los restos de la cocina y poda blanda del jardín y la huerta. Aquí nacen los almácigos y futuras semillas para la huerta del Herbarium: porotos, zapallos, tomates, zapallitos italianos, albahaca, acelgas, lechugas, cilantro, salvias y frambuesas. Este año complementé los míos con lufas, repollo, melón, albahaca morada, frutilla blanca y cebolla de @plantin.cl (muy recomendado!). Ayer repiqué zanahorias y betarragas que este año decidí cultivar en macetones llenos de buen compost. Es mi primera vez, ya les contaré como resulta. También raleé pepinos y zapallitos italianos, repartiéndolos en jardineras y la huerta del Herbarium.
No puedo dejar de recomendar la chapoda constante para mantener las plantas con este frescor primaveral. Al despuntar o sacar lo marchito estimulamos nuevo crecimiento y floración, mantenemos formas y espacios y permitimos mejor aireación y luminosidad.
No descuidar el riego, especialmente en esta etapa, en que las hojas están tiernas y las raíces afianzándose, ojalá en la tarde noche para que la planta este bien hidratada al día siguiente.
Y finalmente, no olvidar la pausa. Aquella en que -por fin!- nos sentamos a gozar nuestra obra maestra del día, el frescor y la luz del atardecer, los aromas de la noche, la belleza y generosidad del espacio.

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